Tan libres como nos atrevemos a ser.

Tan libres como nos atrevemos a ser.

Te enseño una foto de una tarde muy especial.
Fue en Nafpaktos, en Grecia. Estábamos vendiendo y el atardecer fue de esos que se te quedan grabados para siempre.

Allí conocimos a Elene y a su hija. Ella hablaba un poco de español y, la verdad, después de un tiempo sin escuchar tu idioma, oírlo así, sin esperarlo, es algo difícil de explicar… es como si el cielo se abriera un poco. Siempre nos acordamos de esa tarde.

Se llevaron dos pulseritas, una para ella y otra para su pequeña. Ver ese gesto, ese momento tan sencillo y tan lleno de amor, nos tocó mucho. Nos encantó presenciarlo.

Elene nos contaba lo mucho que soñaba con hacer algo parecido a lo que estábamos haciendo nosotros. Y ahí es cuando todo se vuelve un poco más delicado. Porque no queremos vender la idea de que esto es idílico. No lo es. Hay muchos momentos en los que te planteas parar, en los que dudas, en los que pesa.

Pero también está ese brillo en los ojos. Ese que te dice que aún no es momento de detenerte, que este sigue siendo tu camino, aunque no sea fácil.

No es perfecto. Muchas veces está muy lejos de serlo.
Pero es verdad que tiene una magia.
Una magia que no viene dada… una magia que se la pones .

¿Alguna vez te has planteado hacer algo diferente?
¿Cambiar el rumbo, aunque dé miedo?

¿Lo has hecho alguna vez?
¿O todavía hay algo dentro de ti que te lo sigue pidiendo en voz bajita?

A veces no se trata de huir, ni de tenerlo todo claro.
Solo de escuchar ese brillo en los ojos y atreverte a dar un pequeño paso.

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